Una de las principales conclusiones de los estudiosos del apoyo a los damnificados del 11S neoyorquino fue que sobró dinero para proyectos, que el uso de los recursos obtenidos fue "mejorable" y que faltaron buenas iniciativas con proyección y calado temporal. ¿Volverá a pasar aquí en relación con el 11M? En la parcela que nos concierne, ¿qué pueden hacer las empresas para evitar los errores de entonces?
La reacción inmediata de las empresas puso de manifiesto que cuentan con mecanismos para responder con urgencia. Principalmente mediante sus productos y servicios (alojamiento, rehabilitación de viviendas, viajes de repatriación, donación de medicamentos, transporte o sistemas de información). Además, se produjeron aportaciones de dinero, a veces en colaboración con sus empleados, pero muchas fueron generalistas, dirigidas a administraciones públicas o algunas vinculadas a necesidades que ya cubre nuestra legislación mediante indemnizaciones. Por último, también hubo empresas que mostraron su interés por trabajar a medio plazo. Por ejemplo, en proyectos de empleo.
Creemos que ahora el reto empieza a ser trabajar en equipo en proyectos complejos, como el apoyo humano y, sobre todo, la convivencia intercultural en barrios. Hay entidades sociales intentando hacerlo, no sólo con carácter paliativo sino también preventivo. Para las empresas y cajas de ahorros es una oportunidad de colaborar en este tipo de proyectos de este tipo, no sólo trabajando individualmente sino incluso en equipo. A muchos les parecerá ciencia ficción. También lo eran las novelas de Julio Verne.