Diversos estudios que estamos publicando durante estos días ponen de manifiesto cuáles son los puntos comunes de las empresas más destacadas en acción social.
La acción social de las empresas evoluciona imparablemente desde la filantropía hacia la estrategia. Las empresas han entendido que el ciudadano confía más en aquellas que cuentan con una acción social de calado humano y con resultados concretos y que no entiende ni el donativo por el donativo (pregúntenselo a los accionistas minoritarios), ni los alardes desproporcionados de comunicación (pregúntenselo a las ONG).
En este sentido, gestionan su acción social con objetivos e indicadores que facilitan su seguimiento y mejora continua. Indicadores como los de inversión, de dimensión y percepción de los procesos, así como de resultados globales en temas tan importantes como la legitimidad para operar en ciertas comunidades, la mejora de la relación con personas y entidades clave o la percepción ciudadana.
Además, como ocurre con cualquier componente estratégico, las empresas entienden que la acción social es un contenido transversal, relacionado con sus distintos tipos de recursos: productos, "diseño para todos", habilidades de sus empleados, empleo, relaciones de sus directivos ...
Por último, también tienen claro que la acción social no es apoyar una "causa social", un único tema o un proyecto estrella al que vincular toda la empresa. La mejor "causa" de cada empresa es su entorno (instalaciones, clientes, empleados...). Buen ejemplo son las cajas de ahorros, que han conseguido acercarse a los españoles apoyando proyectos de distinto tipo, algunos emblemáticos pero también muchos pequeños y cercanos a la problemática cotidiana de cualquiera.
Más de doscientos expertos señalan a estas empresas como las mejores, y pueden ser un referente para que otras empresas avancen.