AR y VR que convierten un parque natural en una aventura
Cuando la tecnología no distrae sino que aumenta la naturaleza
Realidad aumentada turística para convertir una visita en una aventura
¿Y si la mejor forma de innovar en un entorno natural fuera… no competir con la naturaleza?
Hay proyectos que usan AR y VR para “añadir pantallas”. Y hay otros que lo hacen para añadir sentido. Es decir, para ayudarte a ver lo que no se ve, entender lo que estás mirando y vivir la visita como una aventura.
En este caso, una app de Realidad Aumentada acompaña el recorrido y una experiencia VR lo remata con un viaje en el tiempo. Sin distraer. Sin sustituir. Solo elevando la experiencia.
Veamos el enfoque y por qué es escalable.
Tecnología invisible en un parque natural
Realidad aumentada turística es el nombre elegante de algo muy simple: ayudar a que una experiencia real se entienda mejor, se disfrute más y se recuerde durante más tiempo. Y cuando el escenario es un parque natural, el reto no es “meter pantallas”, sino hacer que la tecnología se vuelva invisible… y útil.
Ese fue el punto de partida de un proyecto desarrollado por una scaleup especializada en Realidad Extendida (XR), Inteligencia Artificial y gamificación, centrada en diseñar productos interactivos que conecten tecnología y emoción. El cliente: un parque faunístico del Pirineo, con animales en semilibertad, naturaleza a gran escala y un tipo de visitante cada vez más exigente.
La ambición era clara: no “digitalizar” el paseo, sino transformarlo en una aventura inmersiva que combinara aprendizaje, exploración y juego… sin romper la magia del entorno.
La naturaleza no siempre se deja ver
En espacios de fauna en semilibertad ocurre algo inevitable: no siempre aparecen los animales cuando el visitante quiere. Eso puede generar frustración (“he venido hasta aquí y no los he visto”) o una experiencia incompleta (“he pasado por el hábitat, pero no he entendido lo que estaba viendo”).
La respuesta habitual sería añadir paneles, cartelería o más guías. La respuesta innovadora fue otra: crear una capa digital contextual que acompañara el recorrido y resolviera tres necesidades a la vez:
- Visibilidad: conocer al animal aunque no aparezca en ese momento.
- Comprensión: entender su comportamiento, hábitat e importancia ecológica.
- Participación: convertir al visitante en protagonista, no en espectador.
Dos momentos tecnológicos que se complementan
La solución se diseñó como una experiencia en dos actos, pensada para encajar con el ritmo natural de una visita.
1) Durante el recorrido: una app con Realidad Aumentada y contenidos desbloqueables
A lo largo del paseo, el visitante accede a información didáctica, personalizada por hábitats, y puede “ver al detalle” animales mediante Realidad Aumentada. La clave no es el efecto visual. La clave es el contexto: cada contenido aparece cuando tiene sentido, en el lugar adecuado, con una narrativa que acompaña la exploración.
2) Experiencia de Realidad Virtual que añade tiempo, no ruido
Al final, llega el giro memorable: un “viaje en el tiempo” para descubrir la evolución del Pirineo desde la prehistoria hasta hoy, recorriendo ecosistemas y especies (incluidas extintas), conectando pasado y presente en un relato inmersivo.
Del paseo a la exploración
El visitante no solo recorre el parque. Se convierte en explorador. La experiencia deja de ser lineal (caminar, mirar, seguir) y pasa a ser activa: descubrir, interactuar, comprender y jugar.
Tecnología integrada sin sustituir la experiencia real
Muchos proyectos tecnológicos en espacios físicos fallan por un motivo simple: compiten con la realidad.
Aquí ocurre lo contrario. La AR y la VR no intentan sustituir la naturaleza, sino ampliarla: aportan contexto, despiertan curiosidad y ayudan a ver lo que, a veces, el entorno no muestra en ese momento.
Este enfoque tiene tres implicaciones estratégicas especialmente relevantes para cualquier directivo que piense en experiencia de cliente:
- La tecnología se adapta al lugar, no al revés: el recorrido sigue siendo físico, al aire libre y natural.
- El contenido se vuelve experiencial: no está pensado para “leer”, sino para explorar en movimiento.
- El aprendizaje se vuelve memorable: con narrativa y juego, aumenta la implicación y la retención sin necesidad de “dar lecciones”.
En la práctica, el parque funciona como un museo gamificado al aire libre, donde cada punto del recorrido puede convertirse en un momento de descubrimiento.
Indicadores de escala y capacidad de impacto
Este caso no es una demo: está diseñado para operar en condiciones reales y con volumen.
- Más de 300.000 m² convertidos en espacio expositivo interactivo.
- Más de 15 especies integradas en la narrativa y los contenidos.
- Una instalación de VR con 30 gafas, preparada para absorber flujo de visitantes y cerrar el recorrido con un final “wow”.
- Un viaje narrativo de 150.000 años, que añade una dimensión única: no solo “qué hay aquí”, sino “cómo llegó a ser así”.
Desde el punto de vista de negocio, el diseño persigue efectos típicos de una gran experiencia: más tiempo de permanencia, más conversación, más recuerdo y más recomendación.
Un modelo escalable y transferible
Lo más interesante no es que funcione en un parque, sino que el enfoque es replicable en muchos contextos:
- Parques naturales y reservas
- Zoológicos y acuarios
- Museos al aire libre y rutas patrimoniales
- Yacimientos arqueológicos
- Destinos rurales que buscan diferenciarse
La razón es sencilla: la base tecnológica y narrativa se mantiene; lo que evoluciona es el contenido. Se puede crecer por capas: nuevas especies, rutas, retos, temporadas o historias, sin grandes cambios físicos.
Dicho de otro modo, es una forma de convertir un activo físico (entorno, patrimonio, territorio…) en una plataforma viva de innovación y experiencias inmersivas.
La pregunta útil para tu organización
Si tu propuesta depende de visitas, recorridos o experiencias presenciales, quizá no necesitas “más digital”. Quizá necesitas mejor diseño de experiencia: una historia más potente, interacción mejor pensada y un recorrido que haga que el usuario diga: “quiero seguir”.
Cuando la tecnología se pone al servicio del significado, la experiencia deja de ser un coste… y empieza a ser un motor.
En un videoclip
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