Miles de directivos se jubilan cada año, pero muy pocos preparan su nueva etapa
Qué hacer después de jubilarte sin improvisarlo
Hay quien llega a la jubilación con una lista interminable de viajes pendientes. Otros piensan en pasar más tiempo con la familia. Y muchos descubren, apenas unas semanas después, que lo que realmente echan de menos no es el trabajo, sino tener un propósito.
No buscan volver a una oficina. Tampoco necesitan un sueldo. Lo que quieren es seguir utilizando todo lo aprendido durante cuarenta años para que sirva a alguien.
Cada vez serán más.
Vivimos más años, llegamos a la jubilación en mejores condiciones y acumulamos una experiencia que sería un desperdicio dejar aparcada.
La pregunta no es si merece la pena seguir activo. La pregunta es cómo hacerlo para que resulte estimulante y tenga sentido.
El error de empezar buscando un voluntariado cualquiera
Muchas personas comienzan al revés.
Buscan una entidad, llaman y preguntan si necesitan ayuda.
A veces funciona. Otras veces descubren que la tarea disponible tiene poco que ver con aquello que mejor saben hacer.
Un antiguo director general o un responsable de operaciones acostumbrado a tomar decisiones complejas pueden, por supuesto, colaborar sirviendo comidas o clasificando donaciones. Es una labor imprescindible.
Pero quizá también puedan ayudar formando emprendedores, asesorando organizaciones sociales, acompañando equipos directivos, participando en programas educativos o compartiendo conocimientos que costaría décadas adquirir.
La cuestión no es sentirse importante.
La cuestión es aprovechar mejor un capital profesional que sigue siendo valioso, en beneficio de todos.
Conviene preparar la jubilación como si fuera un proyecto
Curiosamente, personas que han planificado y dirigido proyectos millonarios suelen improvisar cuando llega este momento. Incluso decidir antes de tiempo, como no habrían hecho en su vida profesional.
Tiene más sentido hacer justo lo contrario.
Dedicar unas semanas a responder preguntas muy sencillas:
- ¿Qué actividades disfruto realmente?
- ¿Qué conocimientos diferenciales puedo aportar?
- ¿Prefiero enseñar, acompañar, gestionar o aprender?
- ¿Cuánto tiempo quiero dedicar?
- ¿Quiero trabajar solo o con otras personas?
Responderlas ayuda a descartar muchas opciones y descubrir otras que probablemente nunca habíamos considerado.
Las oportunidades suelen aparecer hablando con la gente adecuada
Otro aprendizaje interesante es que las mejores oportunidades rara vez aparecen buscando ofertas.
Surgen conversando.
Con una fundación. Con una organización social. Con una universidad. Con una escuela de negocios. Con una asociación empresarial. Con alguien que ya dedica parte de su tiempo a este tipo de actividades. Planteando este tema en las conversaciones personales, familiares y profesionales con personas de confianza, pero con las que quizá no has hablado de esto hasta ahora.
En lugar de presentarse diciendo «quiero ser voluntario», suele funcionar mejor pedir opinión.
«Estoy intentando entender cómo personas con una larga trayectoria profesional pueden seguir contribuyendo. Me gustaría conocer vuestra experiencia.»
Incluso diseñar un pequeño plan de entrevistas con las entidades, organizaciones y personas que consideres relevantes y entrevistarlas con el objetivo de compartir la experiencia al finalizar el proceso. Tanto con ellas como con personas como tú.
La conversación cambia completamente.
A partir de ahí aparecen necesidades reales, conexiones inesperadas y proyectos que no estaban anunciados en ninguna parte. Además de una primera opción, tan interesante como sentirte útil para otros desde el inicio de tu proceso de búsqueda activa.
La experiencia puede convertirse en formación, gestión o innovación social
Hay profesionales capaces de explicar problemas complejos de forma sencilla.
Otros saben construir equipos.
Otros han gestionado crisis, negociaciones, procesos industriales, hospitales, explotaciones agrarias o empresas internacionales.
Todo ese conocimiento puede convertirse en:
- apoyo a jóvenes emprendedores,
- formación práctica,
- acompañamiento a entidades sociales,
- participación en consejos asesores,
- apoyo a universidades o escuelas profesionales,
- colaboración con fundaciones y asociaciones,
- proyectos internacionales de cooperación,
- iniciativas de innovación social, …
No existe un único camino.
Precisamente por eso merece la pena explorarlo con calma.
Mejor empezar antes de jubilarse
Quizá el mejor consejo sea que no esperes al último día de trabajo.
Empieza un año antes.
Habla con personas que ya estén recorriendo ese camino. Pregunta. Visita organizaciones. Asiste a actividades. Conoce proyectos.
Cuando llegue el momento del relevo profesional, muchas relaciones ya estarán construidas.
La transición será mucho más natural.
Y afrontarás el día después de una manera absolutamente diferente.
Una oportunidad para seguir creciendo
Hay una idea que merece la pena desterrar.
La jubilación no consiste en dejar de trabajar como siempre en lo de siempre.
Puede ser el momento de empezar actividades que nunca encontraban hueco en una agenda llena de reuniones, viajes y responsabilidades.
Por otro lado, muchas organizaciones necesitan precisamente aquello que los profesionales veteranos han acumulado durante toda una vida: criterio, serenidad, capacidad para decidir y experiencia.
No para sustituir a las nuevas generaciones, sino para ayudarlas a avanzar más deprisa.
Ese puede ser uno de los mejores legados profesionales.
Y también una magnífica forma de seguir aprendiendo.
¿Quieres saber más?
Si este tema te ha hecho pensar en tu propia situación o en la de alguien cercano, merece la pena dedicarle un poco de tiempo antes de que llegue el momento.
En la Fundación Empresa y Sociedad ayudamos a directivos y profesionales a que descubran iniciativas ya en marcha, comparen experiencias y conozcan cómo otros están canalizando su experiencia hacia proyectos con impacto social, educativo o empresarial.
Si quieres explorar más sobre qué opciones podrían encajar contigo, hablemos.
Fundación Empresa y Sociedad. Un espacio donde ayudamos… y nos ayudamos.
